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Natalia SanmartínHe titulado esta entrada modificando ligeramente el título del libro reseñado: “El despertar de la señorita Prim” de Natalia Sanmartín (publicado en 2013), porque las experiencias que para la protagonista son un progresivo despertar, para el lector se convierten en una colección de atrevidas propuestas para mejorar la vida personal y social. Las propuestas de la señorita Prim se ofrecen al lector como retos liberadores de la aplastante dictadura de la vida moderna. Pueden convencer o no, pero seguro que resultan sugerentes y ahí reside parte del atractivo del libro. Otra parte está en la doble historia de amor de la protagonista, que llega aún más allá de los límites del relato, dejando al lector la tarea de recrearla, y en el arte narrativo de la autora al presentar a los personajes y al desarrollar la historia.

Voy a centrarme en repasar algunas de estas propuestas que van apareciendo a lo largo de la historia, intentando dejar intacto, para el futuro lector, el interés de la narración.

La modernidad no es obligatoria

La vida moderna se nos presenta habitualmente como liberadora y esclavizante a la vez. A las indudables ventajas de la modernidad se une un estilo de vida deshumanizado del que no sabemos escapar. Pero en San Ireneo, donde se desarrolla la acción, han decidido prescindir de todo lo moderno que dificulte lo genuinamente humano: sobre todo las prisas y la agitación. Así encontramos esta primera y sugerente propuesta.

San Ireneo era, en realidad, una floreciente colonia de exiliados del mundo moderno en busca de una vida sencilla y rural

¿Es eso posible? Los personajes defienden que, al menos a pequeña escala, sí lo es, “…uno no puede construirse un mundo a medida, pero lo que sí puede hacer es construirse un pueblo”. ¿Cuánto más en una familia o una pequeña comunidad?

Otro de los aspectos que se cuidan celosamente es la conservación de las tradiciones, como garantía de civilización. Tradiciones de detalle, como la elaboración de dulces o el uso de herramientas del pasado. Además, las tradiciones protegen del atropello de las prisas y del paso del tiempo, como dice una anciana a la protagonista: “La tradición no tiene edad, niña, es la modernidad lo que envejece”.

Un nuevo modelo educativo

Uno de los aspectos más sorprendentes de la vida en el pueblo es su modelo de enseñanza. En San Ireneo, la escuela es un refuerzo educativo, la mayor parte de la educación la asumen las familias: “…numerosas familias de San Ireneo invertían todo su tiempo y formación, en algunos casos una exquisita y especialísima formación, en dirigir personalmente la educación de sus hijos y en dar clases a los de los demás”. Las familias son las responsables realmente de la educación de sus hijos, la escuela no es más que un apoyo a esa labor.

Una revolución total frente al concepto vigente del modelo educativo. En San Ireneo prima la transmisión de la cultura, en una fusión de valores y conocimientos.

Un feminismo femenino es posible

Las feministas de San Ireneo consideran que la modernidad está en contra de lo femenino: “…el estilo de vida actual desgasta a las mujeres, desnaturaliza a las familias y pulveriza la capacidad de reflexión humana…”, por lo que lo femenino debe protegerse comunitariamente. Lo femenino se define por la sensibilidad, la maternidad, el sentido social y el liderazgo. Las mujeres de San Ireneo están fuertemente comprometidas con la comunidad y dan la sensación de regir los destinos del pueblo.

En el relato no aparece autoridad definida, ni alcalde, ni policía… Pero las mujeres ejercen un claro liderazgo en toda iniciativa comunitaria. La presencia social de la mujer es sobresaliente.

Una economía a la medida del ser humano

Otro aspecto de asombrosa originalidad es que el modelo económico de San Ireneo responde a los principios del distributismo. El distributismo es una propuesta socio-económica que defiende que la propiedad privada debe estar distribuida en pequeños propietarios, impidiendo su concentración (como amenaza el capitalismo) y rechazando su abolición (como propone el comunismo). El distributismo, desarrollado en la primera mitad del siglo XX, inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, se puso en práctica en algunas aldeas inglesas en los años 30 (impulsado por personajes como Belloc o Chesterton), inspiró el Movimiento del Trabajador Católico en EEUU (fundado por Dorothy Day y Peter Maurin) y fue la inspiración del movimiento cooperativista. Un economista distributista más cercano a nosotros fue E.F. Schumacher, autor del best seller de los 70 “Lo pequeño es hermoso”. La necesidad de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial llevó al pensamiento económico cristiano a apostar por el ordo-liberalismo alemán (la sociedad del bienestar) que secundó ampliamente la Democracia Cristiana, marginando el pensamiento distributista.

Quizá, la propuesta del distributismo es esta novela pudiera ser una buena ocasión para revisar este pensamiento económico y estudiar su adaptación a una sociedad de servicios y tecnológica como la nuestra.

En la comunidad de San Ireneo, todas las familias “contaban con una vivienda propia, un pequeño negocio o un terreno de cultivo. Los bienes primarios se producían en el pueblo y daban lugar a un floreciente y próspero comercio local”.

La clave del planteamiento económico de esta comunidad es que la economía esté al servicio del ser humano, respete sus necesidades vitales más profundas y no se convierta en un elemento esclavizador en la vida cotidiana. Ser esclavos de las necesidades económicas es una experiencia frustrante y generalizada en el mundo moderno actual.

La dimensión espiritual como centro de la vida

Otra de las propuestas que incluye la novela es contemplar la perspectiva que toma la vida personal cuando la dimensión espiritual se pone en el centro. Una vez que las prisas de las actividades van quedando de lado y la reflexión personal se va abriendo paso, las preguntas fundamentales van buscando respuestas. “¿Por qué está usted aquí?” es una pregunta que empieza siendo material, en el relato va tomando un sentido espiritual, y apunta a un destino transcendente.

La percepción del “fragor”, “el sonido de la guerra”, o descubrir “la falta de una pieza”, son detalles que apuntan a la iluminación de un mundo interior, lleno de sensibilidad y de certezas, que las urgencias de la vida moderna impedían descubrir. No se puede explicar mejor sin entrar en el detalle del relato.

El amor es un viaje

Finalmente, la gran propuesta de la señorita Prim es descubrir que el amor es un viaje. Una aventura progresiva, con multitud de imprevistos y sorpresas, pero con un destino claro y compartido. Esta visión del amor contrasta fuertemente con las propuestas del mundo moderno de fórmulas recién inventadas del amor sin destino, incapaces de colmar el corazón humano.

El libro concluye (ya lo descubrirá el lector) con un velo que sugiere una nueva propuesta relacionada con la compañía que se une misteriosamente en el viaje del amor y de la vida. El relato acaba en el misterio, un misterio que es como una puerta entreabierta que la autora deja así, sugerente y provocativa, y que el lector debe llenar de sentido.

 

Muy recomendable este libro. No dejen de saborearlo.

 

 

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