El hombre y su tierra

steinbeckA muchos, las actuales discusiones sobre la inmigración y el cambio climático les parecerá algo muy novedoso, pero estos temas, sin duda, de gran actualidad, no son precisamente nuevos.

Esta novela de John Steinbeck, publicada en 1939, ambientada a inicios de los treinta, se inicia con los efectos del desastre ecológico producido en Oklahoma, que convirtió inmensas llanuras fértiles en lo que se conoció como El Tazón de Polvo, donde tormentas gigantescas de polvo arrasaban los campos de trigo y de maíz. El desastre económico de1929 se cebó en estos campos, donde la explotación inapropiada del terreno degradó la fina capa de humus y dejó una volatil superficie indefensa ante el viento. La productividad del terreno cayó drásticamente debido a las tormentas de polvo y los agricultores fueron quebrando sus economías bajo el peso de la deflación y los créditos. Los bancos se apropiaron de las tierras y la única salida para los agricultores fue abandonar esa tierra, buscando un sitio mejor, donde el trabajo se vea recompensado dignamente. El objetivo principal de la emigración fue California.

El libro va alternando la historia de una familia de agricultores de Oklahoma, que abandona su tierra y marcha camino de la prometida y deseada California, con algunos capítulos de ambientación, en que el argumento se abandona en beneficio de la descripción del paisaje humano y social, dándole la voz a personajes anónimos que cargan de valor afectivo la objetividad del argumento principal. Quizá sea esa herramienta estilística uno de los éxitos de esta narración.

Sin duda, el libro encierra una profunda crítica al sistema capitalista americano de la época, que tampoco ha perdido actualidad, donde el enriquecimiento se convierte en un valor absoluto para la clase dominante y la despersonalización de las grandes empresas animaliza las relaciones humanas.

“Lo sentimos, no somos nosotros, es el monstruo. El banco no es como un hombre.
Sí, pero el banco no está hecho más que de hombres.
No, estás equivocado, estás muy equivocado. El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, creéme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar.”

Esta novela es una buena lectura para estudiantes de economía y personas interesadas en el tema, porque muestra de forma muy clara los excesos de un sistema que no es capaz de regularse solo ante circunstancias extremas como la concentración de la propiedad, el abuso de dominio, el exceso de mano de obra, etc.

Sin embargo, adolece de un análisis serio de las posibles alternativas. El autor sólo ofrece la autogestión como alternativa para desbloquear la situación, situándola en un plano idílico, como un paraíso en la tierra, muy alejado de las experiencias reales. Basta acudir a la experiencia cotidiana de las Comunidades de Vecinos, para comprobar que la autogestión no garantiza la buena gestión.

Sin embargo, creo que el tema más profundo que desarrolla esta historia es la relación del ser humano con la tierra. Al hombre y a su tierra les une un vínculo esencial.

Primero, la tierra se riega del trabajo y de la sangre del hombre, y eso la humaniza, la hace parte de nosotros.

También está el sitio, detrás del granero, donde un toro corneó a Padre. Su sangre sigue allí en la tierra. Tiene que estar porque nunca la lavó nadie. Y con la mano toqué esa tierra de la que la sangre de mi propio padre forma parte.

Pero la tierra es cultivada y da fruto, y ese fruto nacido de la tierra y del trabajo del que la cultiva sirve de alimento, produciendo así un nuevo paso de unidad, al alimentarnos de la tierra nos hacemos uno con ella, nos apropiamos de ella.

Cultivar una cosecha da la propiedad. Tierra abierta con la azada y las zanahorias comidas… un hombre puede luchar por la tierra de la que ha sacado alimento. Hay que echarle con rapidez o se creerá que es suya“.

La unidad tierra-hombre es el punto de partida de la novela. Las viejas granjas de Oklahoma y sus moradores.

Eran la misma cosa -dijo Casy-. El abuelo y la granja eran una cosa“.

Cuando la unidad tierra-hombre se rompe, el hombre se desmorona. Sólo queda mantener el territorio afectivo que es la familia, pero la familia también se desmorona. Las páginas de la novela van describiendo ese proceso de descomposición.

Hubo un tiempo en que estábamos en la tierra. Teníamos unos límites. Los viejos morían, y nacían los pequeños y éramos siempre una cosa… éramos la familia… una unidad delimitada. Ahora no hay ningún límite claro.

Para los protagonistas el único límite que queda es el de la pobreza. El que separa a los que no tienen de los que tienen, a los propietarios de los despreciables okies. Como apunta un empleado de la gasolinera a su compañero:

Bueno, tú y yo somos sensatos. Esos condenados okies no tienen sensatez ni sentimiento. No son humanos. Un ser humano no podría vivir como viven ellos. Un ser humano no resistiría tanta suciedad y miseria. No son mucho mejores que gorilas“.

A ese nuevo territorio, el de los desposeídos, es donde nos lleva el relato, al territorio donde fermenta la ira (de ahí el título).

Las compañías poderosas no sabían que la línea entre el hambre y la ira es muy delgada. Y el dinero que podía haberse empleado en jornales se destinó a gases venenosos, armas, agentes y espías, a listas negras e instrucción militar. En las carreteras la gente se movía como hormigas en busca de trabajo, de comida. Y la ira comenzó a fermentar.

El libro termina con un gesto extraño en que los pobres se ofrecen de alimento a otros más pobres, como si la relación del hombre con su tierra, una vez desposeído de todo, se transformara en una relación desesperada del hombre con el hombre.

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