3 novelas católicas¿Se animan a leer alguna de estas 3 novelas católicas españolas este verano? Los títulos que vamos a comentar en este artículo no son fáciles de encontrar, quizá eso le sume un atractivo adicional al ya sugerente reto de la lectura: primero hay que encontrar el libro. Seguro que el lector audaz verá en esta tarea de investigación bibliográfica un aliciente provocador para, al menos, intentarlo en bibliotecas, en internet o en librerías de viejo, como un Indiana Jones buscando algún tesoro arqueológico. ¿Se atreven? Empecemos por la más fácil de encontrar:

 

La mujer nueva de Carmen Laforet (1955)

Carmen Laforet es una de las mejores plumas del siglo XX español. Solo la brevedad de la lista de sus obras (tres títulos importantes) le impide estar en lo más alto de la nómina de novelistas del siglo pasado. Ya hemos hablado en este blog del primero de ellos: Nada. Vamos ahora con el tercero: La mujer nueva, que cuenta la historia de Paulina, una mujer con una vida muy difícil en los años 50, separada de su marido, sacando adelante a su hijo, viviendo una apasionada relación amorosa… de pronto se enfrenta a una experiencia religiosa sorprendente que le transforma la vida. Hasta ahí podemos contar. El final, no ausente de polémica, puede dar para una interesante tertulia.

La carga religiosa de la historia ha lastrado el juicio crítico del libro. Algunos lo consideran un peaje necesario en la España de la época, lo cual demuestra el poco conocimiento de la religiosidad del momento (con la que esta novela es bastante crítica) y de la biografía de la autora, porque esta historia tiene muchos paralelismos vitales con la vida de Carmen Laforet. La autora tuvo una trayectoria vital compleja y vivió una fuerte experiencia de conversión religiosa poco antes de escribir esta novela. No se trata de una obra autobiográfica, pero si tiene una fuerte inspiración en la propia vida de la autora, como también ocurre en las otras obras de Laforet.

 

Los curas comunistas de José Luis Martín Vigil (1965)

Ya hemos hablado en este blog de otro libro de este mismo autor (Yo, Ignacio de Loyola). Solo apuntar que nos encontramos con otro escritor condenado al olvido por su éxito en un momento y con una temática inapropiados para el pensamiento dominante en la actualidad.

Esta novela tiene un fuerte componente de testimonio histórico al recoger la experiencia de los sacerdotes obreros, desarrollada en los años sesenta con no poca polémica. Cuenta las vicisitudes de Francisco, un sacerdote de 35 años que vive su ministerio a la vez que trabaja como obrero en una fábrica. El relato nos lleva a acompañar al protagonismo al duro ambiente de la fábrica, a la vida austera y hacinada del barrio obrero, al agotamiento y la dificultad de descanso del trabador manual y al choque con el ambiente original de Francisco, incomprendido o rechazado por su decisión de abrazar ese estilo de vida.

Su lectura no deja de sorprender y, aunque la experiencia de los curas obreros se verificó como inviable, sigue reflejando muy bien las dificultades actuales de muchos seglares que deben compatibilizar un trabajo absorbente con la vida de oración y de piedad; o unas relaciones con compañeros, vecinos y familiares, que no facilitan precisamente la vida de fe.

 

El demonio de media tarde de José Luis Martín Descalzo (1982)

Este libro comienza con una cita de san Agustín que no deja de sorprender: “A veces Dios cura la oculta soberbia con manifiesta lujuria”. El resto del relato sigue en esa línea de escandalizar a los espíritus tranquilizados para zarandearlos hacia las verdades más profundas. Cuenta la historia de Clara, una mujer casada y cumplidora, de moral intachable, que se ve arrastrada por una historia de infidelidad que trastoca todo su mundo de convicciones aparentemente inmutables. Todo un toque de atención para almas asentadas en una falsa sensación de impunidad ante las tentaciones y el pecado. Y todo ello con una prosa cuidada y deliciosa.

La condición de sacerdote de su autor, un intelectual de la más alta talla, le ha condenado al olvido por parte de la crítica literaria, a pesar de ganar el Premio Nadal con solo 24 años, contar con un notable éxito editorial en su dilatada carrera como ensayista, novelista y poeta, además de una extensa labor periodística.